La doble cara de la Rutina
Acá me tienen de vuelta y sin intención alguna de aburrirlos. Me puse a pensar (¡ya era hora!) en el significado de la palabra rutina. El diccionario dice así: “Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas.” No se a ustedes pero a mi me encanto. Costumbre inveterada, es decir antigua. Algo que hacemos desde hace un tiempo que se convierte en un hábito y lo terminamos haciendo por reiteración. Eso se entiende, pero lo que a mi me importa mas es lo ultimo, eso que dice que las cosas rutinarias son aquellas que hacemos sin razonar. Eso es lo que me genera problemas. Piensen esto, la rutina es la acción reiterada que realizamos sin razonar, hasta que razonamos y decimos ¿Por qué hago esto? Inmediatamente después viene la bronca porque nos damos cuenta que nuestra vida es una aburrida rutina. Unos minutos más tarde aparece ese sentimiento que muchos han dado a llamar rebeldía; queremos dejar todo lo que hacemos, que convierte nuestra vida en una rutina y cambiar mágicamente nuestra forma de vivir. Horas mas tarde, nos ataca la siempre detestable sensación de la resignación, y ahí es cuando dejamos que todo lo que habíamos pensado horas antes se esfume y se repliegue a algún rincón mas apartado de nuestra mente. Y ahí esta el problema, porque ese rincón apartado de nuestra mente es el que la pasa mejor, pero sin incluirnos. Es el mismo rincón en donde están todos nuestros sueños y todas esas cosas que, si hablamos razonablemente, no haríamos. Y he aquí una contradicción. En la rutina no usamos la razón, hacemos las cosas por hábito, pero sin embargo cuando empezamos a usar la razón para darnos cuenta que nuestra vida es una rutina, es la misma razón la que repliega las sensaciones que se esconden en el rincón mas importante de nuestra mente y las que nos generan ese primer sentimiento del que les hable antes que se llama rebeldía. Si ya se, un verdadero kilombo.
En conclusión, me parece que la razón es bastante jodida. Es como que nos controla completamente porque nos genera sensaciones que nos gustan pero a la vez nos las repliega y controla. Y si uno piensa en lo contrario a la razón, se va a encontrar con la locura, y me parece que a nadie le gustaría ser un loco.
No hay mucho secreto porque si uno quiere puede cambiar la rutina, pero todo vuelve a convertirse en rutina. Imagínense que empiezan a estudiar canto para romper con su rutina pero después el canto se les hace rutinario. Dejan el canto y se anotan en una escuela de natación pero al rato esto también se hace rutinario. Y así puedo seguir tranquilo.
Hay que saber diferenciar entre una rutina que nos da placer y una que no y ahí esta el gran problema con la rutina, la razón y toda la verdura que estuve escribiendo hasta ahora.
Así que ya saben, y para no confundirnos vamos a dejar claro que la rutina es algo que aburre, cansa y molesta. Y la “otra” rutina es algo que agrada, divierte y hace bien. Y si me permiten el atrevimiento, yo a esto último lo llamo buen hábito.
Un abrazo
Juan Ignacio Gori
